jueves, 11 de junio de 2009

De psiquiatría y otros negocios

Directamente del boletin de la coordinadora no gracias, dos interesantes reseñas sobre los estudios de medicamentos en psiquiatría y sobre los criterios de aprobación de tratamientos por la FDA.
Desoladoor....de suela ventana, fragil que se romperá en cualquier momento este negocio.


http://www.esencia.cc/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=6033&te=&idage=&vap=0&codrel=325


http://www.esencia.cc/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=6033&te=&idage=&vap=0&codrel=325

Descripción popular de los efectos de los psicofármacos (1)

Los antidepresivos.

Algunos pacientes refieren a los serotoninérgicos como esa pastilla que hace que yo siga pensando lo mismo pero me de igual.
Digamos que parece que el efecto antidepresivo tiene que ver con cierta anestesia afectiva. Por eso algunos comentan que su pensar ya no les aflige tanto pero se quejan de que a la vez también pierden cierta capacidad para gozar, amar y sentir.
Con respecto a los noradrenérgicos y mixtos, el relato es parecido pero con añadidos del orden: "me pone como una moto", estoy eléctrico o me paso el día con ganas de hacer cosas pero sin objetivo.

Parece que el alivio tiene que ver con cierta anestesia. Pero claro el efecto es tan grosero que no hay nada del fantasma individual que sea tocado al inhibir la recaptación de neurotransmisores. Convengamos que es como matar moscas a cañonazos. Algo se experimenta pero no se traduce ni se somete al deseo ni al síntoma individual.

Hay pacientes además que comentan que con el tiempo el efecto desaparece. Parece como si el propio síntoma encuentra otras vías de expresión para recuperar el goce perdido con la anestesia química.

En fin, nada es gratis y el segundo principio de la termodinámica parece que nos persigue y nos conmina a establecer un correlato entre psicoanálisis y neuroquímica.

Parece que no es tan fácil esquivar la tristeza y como cantan los catalanes Hydrogenese:

"No me digas que no hay nada más triste que lo tuyo. Lo de los caballitos Pony eso si que es triste".

martes, 9 de junio de 2009

Toxicomanías y otras neuras.

El otro día escribí una conferencia para la formación continuada de psiquitras y psicologos del complejo hospitalario de Vigo. Era sobre las adicciones.

Es una conferencia extensa y no voy a aburrir a los lectores con semejante tostada. Si bien hoy estuve pensando que el trabajo con toxicómanos y con pacientes neuróticos sin consumo de sustancias no difiere especialmente. Tiene que ver con cuatro posiciones del sistema y cuatro posiciones de los pacientes.


Copypasto aquí la intervención dedicada a esta cosa:




Siguiendo a Eric Laurent la assitencia a los toxicómanos se pueden repartir en cuatro ejes:

El tratamiento por el sujeto: que consiste en afirmar que el toxicómano no existe. Propone al sujeto dejar de identificarse con su ser de toxicómano para dejar un lugar a su división subjetiva y al goce d ela palabra. Este tratamiento solo es aceptado por unh número limitado de sujetos que han franqueado el paso d el adicción.

Existe también el tratamiento por le saber, que es a la vez pedagogía del toxicómano y extracción del saber de este último sobre su objeto. Es esta cosa de cuéntame que sientes con la droga, cuentame detalles, que te aporte y por otro lado la advertencia salomónica y científica sobre los acontecimientos futuros y funestos posibles. “ si sigues vas a morir” “ esto es por el consumo, el cerebro no aguante mas”. Es un modo de tratamiento interactivo. En nombre de lo que sabemos vamos a poner un poco de orden en este goce descontrolado. Es quizá esta fórrmula la que calaba en un principio en los médicos cuando empezaron a atender a los primeros toxicómanos.

Por otra parte está el tratamiento por el S1, el significante amo, que es el envés del tratamiento por el sujeto. Es decir,el discurso del tratamiento es: usted no existe, usted es un toxicómano y vamos a tratarlo como tal. No tienes más que decir lo único. Consentir a cubrirte bajo el manto del ideal “yo soy un exadicto”. Es el sistema de los grupos de narcóticos anónimos y alcohhólicos anónimos. Es un tipo de tratamiento muy yankie. Es un tipo de tratamiento que tiene que ver con el propio discurso norteamericano en el cual todo el mundo puede ser un héroe y en el cual el idela del self made americano impregna todo. Con nuestra ayuda todos vamos a ser mejores.

Por último está el tratamiento por el objeto. Concretamente por los objetos de sustitución. Este tratamiento tiene que ver con una formula de control social. En los 80 en España fue una manera de parar la ola de delincuencia y muertes que concurrió a la entrada de la heroína en una sociedad que había vivido un cambio profundo y radical en apenas 5 años. Famosos son los programas de metadona. Actualmente más en declive y orientada más a una población cronfificada y dependiente de una asistencia social muy potente. A día de hoy se corre el riesgo poco a poco de convertir a muchos de los toxicómanos actuales, más amigos de los estimulantes y el alcohol, en trastornos por déficit de atención del adulto y en vez de dispensar metadona, dispensar anfetaminas (rubifen y demas) por cocaína.

Estas son cuatro de maneras de atender la demanda del adicto. Pero también en muchas ocasione suele haber cuatro maneras en las que paciente se posiciona a la hora de demandar tratamiento. Hay sujetos que acuden con una división subjetivas que conlleva la pregunta por el sujeto. Suelen ser pacientes en los que el velo de la droga es suficientemenete lábil como para poder desenmasacarar el cortocircuito que representa el consumo. Son pacientes en los ue rápidamente se ve que tras el tóxico aparecen fácilmente síntomas habitualemnte neuróticos para que los que el consumo es un alivio o por lo menos una salida de escena.

Hay otros pacientes que vienen realmente a que les des unas charlas. A saber un poco sobre la cuestión de su goce. Ni siquiera con un síntoma personal claro. Algo así como un estado precontemplativo de la adicción. A veces esto tiene que ver en su mayoria con demandas familiares o directamente con orden judicial.

Evidentemente también hay pacientes que demandan pautas. Si. Dime lo que tengo que hacer. Además me va a perseguir mi madre y me haga usted analiticas para enseñar a todo el mundo que estoy limpio. Son pacientes ideales pero que están a kilómetros de saber nada de su deseo y de las razones de su precipitación en el consumo. Suele pasar que en coyunturas no previstas es donde a veces los clíncos podemos hacer alguna intervención que rectifique este apaño y permita realizar alguna pregunta.

También, por supuesto, muchos acuden a pedir el sustituto o algo que apacigüe su falta, algunos motivados por un exceso de goce, otros por un falta de liquidez. En medio de esta varipinta amalgama hay algunos que no acuden a demandar nada,más bien digamos que vienen a exigir. Son algunos de estos canallas o desalmados. Gozadores que o bien han hecho de esto un negocio, o gozan en ocasiones de angustiar y poner en jaque a la insititución. Paradójicamente y en contra de lo piensan algunos médicos e incluso psiquiatras estos son los menos, por no decir que anecdóticos.

jueves, 4 de junio de 2009

la repeticion

Si hay algo evidente es que el psicoanálisis y, Freud concretamente, se dedicó a formalizar algo que en muchas ocasiones formaba parte del saber popular.
Cuando nos preguntamos porque una persona insiste continuamente en cometer los mismos errores o repetir las mismas conductas que le fastidian la vida, siempre me viene a la cabeza una famoso refrán: "más vale malo conocido que bueno por conocer".
Y eso es el goce. Vivimos con unas gafas que son nuestro fantasma. Desde ellas vemos las cosas con el pequeño incoveniente de que no sabemos que llevamos gafas. O quizás si pero no sabemos que las hemos decidido nosotros y, además, a medida. Estas gafas pueden ser una castaña pero las elegimos continuamente. Siempre las malas conocidas. El psicoanálisis es ir al óptico, no para quitar las gafas, ya que sin ellas estaríamos desnudos ante el desierto de lo real (Zizek), sino para graduarlas con un poquito más de esmero y ser capaz de distinguir más colores, matices y deslices. Una puerta abierta al posible bueno por conocer.